lunes, 12 de febrero de 2018

ECOS DEL PENSAMIENTO DE STA. CARMEN Nº 42

“¿Dejarse vencer por los respetos humanos? Por encima de lo que piensen los hombres, está lo que espera Dios”

REFLEXIÓN DE M. VICTORIA ZORRILLA, rcm
Hoy quiero compartir con vosotros algo que me parece muy importante en nuestra vida; los respetos humanos; ¡Cuánto  nos hacen a veces sufrir! Cuántas  energías perdemos en analizar lo que los demás piensan de nosotros! La mayoría de las veces nos dejamos influenciar por nuestros amigos, que son las personas que más cerca están de nosotros y actuamos así por miedo a perderlos, Pero, ¿por qué? ¿Tenemos que cambiar nuestra forma de ser, de vestir o de muchas cosas más para poder tener amigos o para que la sociedad nos acepte? ¿Buscamos agradar a los demás para intentar encajar y ser aceptados?
Es verdad que el mundo nos está influenciando constantemente para que tomemos diferentes caminos…y la gente que nos rodea es la que tiene mayores posibilidades de ejercer una influencia directa en nuestras acciones, pero no podemos dejarnos llevar por este deseo de agradar a la gente.
¿Cómo  puedes medir el nivel de influencia de los demás en ti? Por ejemplo, cuando tienes miedo a cambiar algo en tu vida por si no cumple con las expectativas de ciertas personas o cuando tomas decisiones de acuerdo a las expectativas que otros tienen de ti.  Este punto es a tener en cuenta, ya que este comportamiento puede afectar todas las decisiones importantes que hagas en tu vida. Si tus padres o amigos o quienes fueren fijan una expectativa para ti y no concuerda con lo que tú deseas, porque Dios te está pidiendo otra cosa, debes ignorar respetuosamente sus sugerencias.
Piensa un poco; ¿Qué es lo más importante, lo que esperan los hombres de ti, o lo que Dios espera de ti? ¿A quién quieres agradar?
En mi vida también hubo momentos en los que tuve que saber levantar la mirada y el pensamiento más alto, para no tomar decisiones simplemente para agradar a mis padres. ¿Recordáis cuando el Señor se hizo presente con su Amor grande y seductor en mi vida y yo sentí que me llamaba para consagrarme a Él en la vida religiosa, pero mis padres, aquellos padres maravillosos que el Señor me dio, tenían otra mirada sobre mí y ya habían escogido un joven galán guapo, elegante y atractivo como esposo para mí? Yo no podía agradarles en una opción que no era la que Jesús me pedía. La verdad es que no sufría de no poder complacerlos, porque la confianza en Jesús y el deseo de ser para El para siempre eran muy fuerte y por otro lado estaba segura de que llegarían a comprenderlo. Me emocionaba caer en la cuenta que Dios había soñado  para mi esta vida de consagración.
Años más tarde descubrí con alegría el texto de San Pablo en Gálatas 1,10. Pablo se pregunta qué busca en su actuar: ¿Busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo”. Y yo que deseaba con todo mi corazón ser la “sierva del Señor” como María, tomé la  decisión de buscar agradar siempre al Señor.
Por eso te digo que también tú puedes empezar a vivir desde el amor. Deja de poner el foco en los demás y comienza a ponerlo en Dios. ¿Cómo lo puedes hacer? Paso a paso:
Lo primero despierta en ti un amor grande y fuerte por Jesús, un deseo grande de querer agradarle siempre haciendo lo que El espera de ti. Repite con frecuencia este deseo, diciéndoselo a Jesús en esos momentos en que vas a hacerle compañía a la capilla; así ira creciendo en tu corazón y se hará fuerte y gozoso: “Jesús, quiero agradarte siempre, en todos mis pensamientos y acciones”.
Luego obsérvate para darte cuenta de cuándo  estás haciendo algo por lo que los demás puedan pensar y cuándo  porque Jesús te lo pide. Comprende que no puedes agradar a todos por igual, ante todo está el agradar a Jesús.
Finalmente descubre y siente que lo que complace a Jesús te hace feliz. Acoge en tu corazón esta verdad; seremos felices agradando al Señor, llegaremos a nuestra plena realización cuando se cumpla en nosotros el proyecto que Dios tiene para nuestra vida. 

Además, hoy quiero invitaros a algo más comprometedor que realizar en momentos puntuales lo que el Señor me está pidiendo. Es una invitación a vivir un estilo de vida que agrade a Jesús.  Al hablar de un estilo de vida quiero decir que no es algo pasajero, sino que consiste en vivir siempre enfocados en hacer las cosas tal y como el Señor quiere que se hagan. Para ello te invito a tener cada día unos momentos de oración, de intimidad con Jesús; a leer la Palabra de Dios y a guardarla en tu corazón como lámpara en tu caminar. Pon tu vida en las manos de Dios y deja que El, como un alfarero le de la forma que más le agrade.  

domingo, 14 de enero de 2018

ECOS DEL PENSAMIENTO DE STA. CARMEN Nº 41

“Piensa que todo lo de aquí abajo es nada comparado con la eternidad. Y, ¡cuántas veces olvidamos este elemental principio!

REFLEXIÓN DE M. BEGOÑA ARIAS, rcm
Cuando Carmen Sallés pronuncia estas palabras no las dice de memoria, son palabras que brotan de la propia vida, de su propia experiencia. Sabe que el Señor nos ha creado para que seamos felices  y hagamos felices a los que nos rodean, por eso vive disfrutando de todo lo que la vida le regala como un bien que procede de Dios. Carmen es una mujer sencilla y valiente, una mujer de fe que confía en Dios, que sabe mirar todo desde El. Una mujer con mirada creyente, capaz de reconocer en todo y en todos la mano providente de Dios, por eso tiene claro que lo único importante es la vida plena, de encuentro con Dios por toda la eternidad, “donde ya no habrá más llanto ni dolor” (Ap 21,4). El apóstol Pablo dice: “Tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Rom 8,18), y unos versículos después: “Porque en esperanza fuimos salvados” (Rom 8, 24).
Carmen tiene su meta clara, es consciente de que las circunstancias o situaciones dolorosas del tiempo en que vivimos son medios e instrumentos que, vividos desde la confianza y la fe en Dios, fortalecen y reavivan nuestra esperanza, de ahí que toda su vida, todo su ser y hacer, tuvo como finalidad agradar a Dios, vivir en fidelidad preguntándole ¿qué quieres que haga por Ti, Señor?
Carmen no vive en el aire, es una mujer de su tiempo y de su época y reconoce que caemos en la tentación de dejarnos deslumbrar por otros espejismos que no son acordes con lo que Dios quiere, por eso nos recuerda este principio tan elemental. El tiempo es corto y, muy pronto, llegará el fin de todos los llantos, clamores y dolores del presente, vivamos desde la confianza y la esperanza que es prenda de la salvación.
Como Carmen en su tiempo, nosotros hoy día también recibimos muchos estímulos y no siempre somos conscientes de la dicha que nos espera si vivimos con una actitud positiva y creyente, poniendo en el Buen Dios nuestro apoyo. Santa Carmen puede ser nuestra guía e intercesora en este proceso.
En este año que celebramos el quinto aniversario de su caninozación y los 125 años de la Congregación fundada por ella, pidámosle nos ayude a vivir con los pies en el suelo pero sin perder de vista el cielo, en el que podremos gozar para siempre de la vida plena de Dios.